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Cómo enseñarle a tu perro hacer sus necesidades fuera de casa

Tener una mascota significa comprometerse por siempre a cuidarla y quererla. Un vínculo que implica dedicación y paciencia para enseñarle -en un primer momento- ciertas conductas que harán que la convivencia al interior del hogar sea feliz para todos.

 

A los seis meses de vivir juntos, Nora y René decidieron adoptar una fox terrier chilena que los conquistó por ser la única de la camada que tenía un peloncito en su cuerpo. El día que la fueron a buscar para llevarla a su hogar, Nora recuerda que Rita al verlos corrió hacia ellos dejando atrás a sus hermanos que dormían plácidamente uno encima del otro.

Como vivían en departamento y querían darle una mejor calidad de vida a su perrita, la pareja decidió modificar las puertas que daban hacia sus dos balcones, construyendo en la parte inferior de ellas compuertas para que Rita entrara y saliera al departamento y tuviera más espacio donde transitar. Esa fue la primera medida. La segunda fue la ardua tarea para lograr que ella hiciera sus evacuaciones fuera del departamento. “Se demoró un año en aprender. Le compramos los baños para perritos y no resultó; el spray con olor para guiar al sector del baño tampoco sirvió; le compramos arena sanitaria para gatos y la pusimos dentro de una cajita plástica, lo que resultó en un comienzo pero después Rita comenzó a usarla para tomar sol, así que decidimos quitarla, y finalmente sacamos la alfombra. Después de todo ese proceso, Rita lo logró”, cuenta René.

Hoy la pareja adoptó un nuevo perrito al que llamaron Charly, y aunque el proceso de hacer sus evacuaciones fuera de casa no ha sido tan complejo como el de Rita, todavía necesitan reforzarle algunas conductas. “Al principio Charly se orinaba hasta en el sillón y con amor lo retábamos y lo dejábamos en el balcón con diarios manchados con su pipí para que entendiera que ese era su baño. Cada vez que comía en la mañana y en la noche lo sacábamos a dar una vuelta y con eso ha entendido que debe hacerlo afuera. Hoy lo único que nos queda por enseñarle es que el baño de Rita no es solo de ella sino que también de él, porque hasta el momento Charly cree que en todos los balcones puede orinarse. Pero ya sabemos que con amor y paciencia entenderá y aprenderá como lo ha hecho Rita”, comparte Nora.

Para todos los que tienen perros el proceso que comparten Nora y René resulta cercano y hasta parecido. Lo cierto es que la llegada de un perro al hogar no solo implica amarlo mucho sino que también enseñarle -con constancia y paciencia- algunas conductas como hacer sus necesidades fuera de casa.

“Los perros al igual que las personas requieren de un tiempo de adaptación para poder controlar sus esfínteres, tanto a nivel emocional como a nivel físico. En el caso de los cachorros, estos desde pequeños comienzan a tener las preferencias de sustrato para sus evacuaciones, pero estos pueden ampliarse en la medida en que el tutor le ofrezca otras alternativas. Además, un factor que muchas personas no consideran es que el proceso de evacuación requiere compañía y guía, sobre todo los primeros días posteriores a la adquisición del animal, para poder realizar la vigilancia necesaria, armar un horario (que dependerá de si es cachorro o adulto), la frecuencia de alimentación, minimizando así los errores y aumentando la probabilidad de aciertos en la zona elegida para dicho fin”, explica Valeria Castillo, médico veterinaria y etóloga clínica.

Tener el compromiso de amar y cuidar una mascota

Antes de adoptar un perro e imaginar lo maravilloso que pueden ser esos primeros días, tienes que ir más allá y pensar si realmente te harás responsable de él en los buenos y malos momentos. Eso implica hacerle sus controles periódicos, sacarlo a pasear, estar atento a sus cambios emocionales, etc. Hay algunos que se dejan llevar por el entusiasmo y cuando se enfrentan a las obligaciones prefieren regalarlos o, en el peor de los casos, abandonarlos.

“Vivir con un perro es firmar un contrato de responsabilidades, las que debes cumplir todos los días para que puedan vivir felices. No es algo a corto plazo, si todo sale bien serán más de diez años que pasarán juntos. Y quizás uno de los puntos más importantes (además de alimentarlo y ser cariñoso) es ¡salir a pasear! Mucha gente piensa que por tener patio el perro no necesita salir a pasear. Aunque tengan espacio, siempre es necesario que salgan porque sociabilizan con otros perros, hacen ejercicio y botan energía acumulada, refuerzan el vínculo contigo y es estimulante mental y físicamente”, explica Isadora Díaz-Valdés en su libro ‘Solo Necesito un Perro’.

Asesorarse primero con un experto en conducta animal

Si no conoce nada de la mascota que quiere adoptar o elegir, Valeria Castillo sugiere asesorarse con un etólogo previamente o posteriormente a la adopción. “Esto permite descartar alguna patología conductual y sentar las bases para abordar el cuidado de ese perro y la enseñanza del hábito de la evacuación. Con ello se puede saber, por ejemplo, que un perro adulto puede demorar más en su fase de adaptación a su nuevo hogar y que las razas pequeñas generalmente demoran más en aprender a usar una zona específica de evacuación”, explica.

Para Isadora Díaz-Valdés antes de tener un perro es importante conocer las características y el comportamiento de cada raza con la que se va a convivir. “Antes de elegir un perro por lo bonito (si no eres de los que están dispuestos a querer cualquier tipo de perro), averigua sobre su raza o mezcla, porque muchas veces la gente quiere tener determinado perro solo por su apariencia y luego, al descubrir que no son adornos, sino seres vivos con particularidades y necesidades, los abandonan. Y aun así te tengo una noticia: ninguna raza puede asegurarte nada, los perros como las personas son individuos y todos pueden tener una personalidad diferente, además también influye en el cómo lo educas”, señala en su publicación.

Comenzar a entrenarlo

A muchos les pasa que cuando adoptan un cachorro no saben cuándo es el momento correcto para enseñarle el hábito de hacer sus necesidades en un sitio adecuado. La preferencia por un sustrato concreto para hacer las necesidades se comienza a desarrollar sobre las ocho y nueve semanas de edad del cachorro. Ese sería el momento indicado para enseñarle a discriminar entre sitios permitidos y prohibidos.

“Una vez que el propietario tenga al cachorro en casa, probablemente recibirá instrucciones de su veterinario de no sacarlo a la calle hasta que finalice la vacunación. Esto se puede llevar a cabo si se hace de manera cuidadosa y siempre siguiendo las instrucciones precisas de los profesionales de la salud. Podemos elegir zonas poco visitadas por otros perros para ir dándole oportunidades a nuestro cachorro de inspeccionar y olfatear, y así conseguir que haga sus necesidades poco a poco. Para ello habrá que ponerlo en contacto con esa zona en múltiples ocasiones a lo largo del día, considerando que no tiene desarrollada la capacidad fisiológica de controlar la orina”, explica Rosana Álvarez, autora del libro ‘Etología Canina’.

Reforzar constantemente

Enseñarle a una mascota a hacer sus necesidades en un lugar adecuado requiere tiempo y mucha paciencia. Hay que supervisar la conducta para reforzar el hábito hasta que lo aprenda. Así lo aconseja Rodrigo Núñez, gerente comercial de la empresa especializada en mascotas Southpoint, quien señala que “es importante que en el periodo de aprendizaje se lleve la mascota constantemente al lugar donde hemos designado para que orine. Tiene que ser al despertar y luego durante el día en un tiempo no superior a 30 minutos”.

Otro consejo que entrega el experto es que cuando llevemos a nuestra mascota al lugar escogido para que orine, no hay que jugar con ella para que así comprenda que ese será su baño.

“Llévelo a la calle al menos tres veces al día para que haga sus necesidades fisiológicas. Tres veces al día significa repartidas en las horas diurnas, con un intervalo máximo de ocho horas entre cada salida. Se llevará al cachorro a la zona seleccionada (casa o calle) o se le permitirá el acceso fundamental después de comer y beber, dormir y descansar y antes o después de jugar. Se le debe proporcionar un refuerzo positivo (mejor si es algo de comida apetecible) inmediatamente después y cada una de las veces que lo haga correctamente. Hay que dejar que el cachorro olfatee la zona y si la conducta no es perfecta, no hay que desesperarse”, detalla Rosana.

Nunca castigarlo, siempre premiarlo

El adiestramiento siempre debe ser positivo. El castigo genera miedo, deterioro del vínculo y ansiedad. Si falla, simplemente no hay que premiarlo. Por eso si has visto el viral donde un amo le muestra a su mascota cómo le pega a un perro de peluche en demostración de lo que le pasaría si hiciera tal o cual cosa, mejor no lo hagas. “Nunca es recomendable el castigo y los golpes. Para que un perro y cualquier mascota aprenda de manera efectiva se deben aplicar refuerzos positivos. Si nuestro perro realiza lo que estamos esperando debemos premiarlo”, dice Rodrigo Núñez.

Los premios para un perro son su croqueta o hueso favorito, el juguete preferido, una caricia, correr y jugar con él y las palabras agradables de su amo. El mejor método es el que respeta al animal y para ello el refuerzo positivo es la alternativa más acertada.

“Seguro que te acuerdas de tu etapa en el colegio. Había algunos maestros que te daban con una regla, otros que te gritaban, otros que te castigaban en el rincón o te tiraban las orejas; en fin, para todos los gustos. Pero, ¿a cuál recuerdas con una sonrisa?, ¿al maestro o maestra que utilizaba esas técnicas o al que te hacía las clases divertidas y te permitía equivocarte para contestar de nuevo? Tu perro puede darte la respuesta con su lenguaje corporal cuando trabajas con él”, aconseja Rosana.

Hago todo pero no lo logro

Nicole lleva cuatro años soportando el pipí de su perro Lucky. Dice que lo adoptaron luego de que su primera dueña muriera y nunca han logrado que haga sus necesidades fuera del departamento. “Hace donde quiere y cuando quiere, y ante esa situación hemos dejado de invitar a gente debido a que el olor está impregnado en la alfombra, en la parte inferior del sillón y en las cortinas. Dejamos puesto diarios y revistas para que haga, pero no hay caso. Finalmente nos resignamos. Como medida de prevención hemos decidido comprar dispensadores permanentes de aromas frutales, inciensos y mantener constantemente limpio, ya que no solamente se orina…”, cuenta esta profesora.

Ante situaciones como esta, Valeria cree que la mayoría de las veces esta conducta tiene que ver con la poca paciencia y tiempo por parte de los tutores para llevar a cabo la enseñanza del hábito. Pero también es posible que el animal pueda estar presentando algún problema metabólico, alguna enfermedad infecciosa, trastornos conductuales, epilepsia, que puedan estar entorpeciendo el aprendizaje. “Es crucial descartar mediante exámenes que el veterinario de cabecera sugerirá de acuerdo a la sintomatología”, dice.

 

fuente: latercera.com

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